jueves, 22 de noviembre de 2007

SITIOS CON ENCANTO


Me invitan, para una revista, a opinar sobre los sitios con encanto de mi ciudad. En la expresión “Sitios con encanto” ya se incluye de manera implícita una afectación que me desagrada. Se dice eso: “con encanto”, como se podría decir delante de un fresco de Goya; “Bonito” y Goya porque era sordo, porque de enterarse mandaría un poco al carajo a todo aquel que dijera “bonito” delante de su obra.

Pero es que además los sitios con encanto, pueden contener, con su encanto y todo, una trampa social lamentable.

A nadie se le escapa que las casas de vecinos, pongamos por caso, eran unos sitios con mucho encanto: desde fuera.

Yo he vivido en una, y no soy de la posguerra. Desde fuera aquellas paredes de zócalo, aquellos enormes portones de madera noble, aquellos patios coronados de jazmines y de rosales, aquellos vecinos que se sentaban en sillas de rejilla, como las que ponen ahora en las peñas flamencas para que también sean éstas, las peñas, sitios con encanto…desde fuera, decía, todo tenía un aroma tan castizo, andaluz y telúrico, que cualquier viajero, fotógrafo o hispanista rumboso, llamaría a esa organización urbanística y social, un “sitio con encanto”.

Pero los rotitos, no entienden de poesía ni de fotografía costumbrista y les importan poco los hispanistas rumbosos, que encima, suelen quitarles las novias con su acento extranjero y sus cabellos rubios, como la cerveza.

Los rotitos estaban deseando abandonar aquellos agujeros medio en ruinas en los que se desarrollaban sus días. Deseaban tener un cuarto de baño con sus azulejos, su plato de ducha y su espejo en el que mirarse, afeitarse y acicalarse.

En los sitios con encanto, había un miserable retrete que compartíamos tres o cuatro familias. Sabíamos quién había estado antes en el retrete por la rotundidad de sus efluvios fecales.

Nos bañábamos una vez a la semana, en un baño verde y nos frotábamos con un jabón que lo mismo servía para sacar los churretes de nuestras púberes pieles, que para quitar las manchas a los pantalones de nuestros padres.

Al fin, para que ese cuadro bucólico se fragmentara, nos trasladaron, no sé si gracias a los cambios sociales o a la caridad de nuestros primeros gobernantes democráticos, a un sitio que, sin poseer encanto alguno, tenía cuarto de baño.

Los primeros meses de vivir allí, en esas colmenas de hormigón, en ese enjambre de ventanas y de tabiques casi de papel, pensé que nos iban a salir escamas de las horas que nos pegábamos en la bañera.



Enseguida se produjo, un fenómeno curioso; parejas mal avenidas, llegaron a reconciliarse gracias a la intimidad de un dormitorio de matrimonio.
Nos habían engendrado en noches sin gemidos y por supuesto sin acrobacias sexuales.

Noches en las que sus débitos conyugales se resolvían en una habitación separada de la del resto de la camada, por una cortina. Ahora habían descubierto como digo, los placeres de la carne y la mayoría de las mujeres que habían huido, como Sara de la ciudad en llamas, de los sitios con encanto, quedaron preñadas.

Incluso muchas mujeres que lo eran apenas, por su posibilidad de menstruar y de traer hijos al mundo, quedaron también en estado, aquellos primeros meses de vecindad.

Ahora, pasados los años, los enganchados a la heroína, más fuertes y perseverantes, siguen deambulando como zombis por los portales de la zona. Muchos han muerto, tendrían ahora mi edad; treinta y siete o treinta y ocho años.

Otros tanto viven sumidos en un misticismo pernicioso propiciado por los credos evangélicos. Los ve uno cantar esos himnos y esas aleluyas y entiende uno que han recuperado algo de salud, pero que han perdido su juventud, su fuerza y su audacia.

La mayoría de las familias que vinieron a vivir aquí, a esta barriada marginal, sin encanto alguno, y perdonen la insistencia, siguen viviendo en el mismo sitio.

Una generación de chavales criados por sus abuelas, porque las hijas los tuvieron y no pudieron ni supieron hacerlo, vagan ahora por la ciudad con sus motocicletas terribles y con sus frustraciones históricas.

Pero paso por allí algunas veces, para ver a la familia, y siento que efectivamente, por fea y cutre que sea la zona, las personas que han hecho su vida allí la han ido poblando de eso: de humanidad.

Los vecinos menos golpeados por la desgracia, por el paro, incluso los que han medrado gracias a su trabajo y esfuerzo diario, han hecho suyo el barrio o mejor, la barriada que es como aquí se denominan estos núcleos de población. Algunos han podido irse, yo mismo, y muchos han vendido sus pisos a otras familias, a unos precios que darían para otra reflexión y con hipotecas que darían para varias vidas.

Así que no sé qué puedo decir yo de sitios con encanto ni de encantamientos. Mi experiencia me pervierte ¡ay! la opinión.

6 comentarios:

Yolanda González dijo...

querido gallardosqui: te leo cada viernes en cádiz información y te sigo. Me pareces un formidable escritor con tintes poéticos. En este pequeño relato has clavado el problema de la infravivienda en nuestra ciudad que lejos de estar solucionado sigue siendo un lastre de otras épocas. Felicidades por tus artículos y por el blog.

Yolanda González González.

un jerezano que un dia paso por aqui y se quedo dijo...

si pinchas en la foto y se te ve de cerca,o estas con una papa del quince o parece que vayas a mandar todo a la mierda.ja,ja.Te sigo cada dia,se lee muy facil tus textos y son muy certeros casi siempre.

El camello de gallardoski dijo...

Gallardokiiiiiiiii

que buen texto tío. Es verdad lo que dice el jerezano ¿qué te habías fumao compare?

Pero si será dulce ese venenooooo
ja ja ja ja....tu me entiendes....

Anónimo dijo...

yo creo qu no os dais cuenta de la movida porque la de blacno vaya careto que tiena tb.A ls del medio se le ha ido el novio con la fulana que se ve al fondo y por eso estan con esas caras,que no sais mal pensao.que no

el pernales dijo...

lo siento por la foto picha, no me habia dado cuenta, aunque ahora me esto descojonando.

pepi dijo...

yo aunque naci en cadiz y quizas mi vida fue ,diferente a la que tu cuentas , y me bine a barcelona a los 12 años, tambien me daba cuenta de todo lo que dices, pero no ceras que por venir a barcelona las cosas , fueron distintas porque aqui a los 12, ya eras explotada, y te levantabas a las 6 de la mañana, y llegabassobre todo en invierno, con toda la piel congelada: ahora tengo 52, he tenido 3 hijos maravillosos, y nunca olvidare, aquel dia 28 de junio que bine a barcelona, hojala nunca hubiera salido de alli, porque a pesar de lo que dices tu si tienes un pueblo, pero yo me siento en tierra de nadie. atte pepi