martes, 30 de diciembre de 2008

EN LA NOCHEVIEJA

Para D. para M y para E

En el día de la nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, lucía el sol. Un sol rabioso que negaba el mito nórdico de las blancas navidades, de los muñecos de nieve y de los abrigos y de las bufandas. Lucía el sol ese día y olvidaba uno la servidumbre de las fiestas, la asfixiante letanía del mundo, que es sordo y es mudo, y no deja de preguntar: ¿qué vas a hacer esta noche tan especial?.

Me escondía entonces en un cuchitril infecto donde fumaba y bebía sin esperanza, pero con convencimiento. Hacía con mis dedos índice y pulgar la mínima catapulta y lanzaba con sorprendente habilidad las colillas hasta un rincón con papeles cargaditos de poemas o de intentos de poemas o de mierdas de poemas…qué más da.
Ya dice Cioran que el escepticismo es la elegancia de la ansiedad.

En el día de la nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, tenía uno un par de camaradas en la tristeza, la tristeza degeneró en silencio y el silencio en desencuentro, hasta que al fin decidieron, o decidimos todos, huir de nosotros mismos y buscar otras compañías más amables y más buenas para seguir viviendo, a pesar de que el estigma de aquel tiempo de enormidades ya no se quita, no se quita en la vida y mira que hemos buscado lugares menos duros.
Amaba también aquel día a una mujer que me soportaba, a una mujer que como uno temía , pero sin confesarlo jamás, la llegada de la nochevieja.

En el día de la nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, mi capital ascendía a quinientas pesetas, de las de antes, y a un paquete de ducados. Y no crean; era un capital considerable para quien, por lo común, tenía los bolsillos llenos de manos y las manos cansadas de bolsillos.

En el día de la nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, mi mejor jersey había llegado desde Portugal, a través de una señora, que creo recordar, se llamaba Andrea y que permitía que mi vieja lo fuese pagando poco a poco. Se trataba de un jersey que irritaba mi cuello recién afeitado y que debió estar muy de moda allá por la segunda mitad de los años sesenta. Mi mejor pantalón había pertenecido a un primo mío que crecía y crecía y se ponía bien fuerte, además de labrarse un porvenir haciendo el servicio militar como voluntario en la guardia civil, así era mi primo y así eran sus beneméritos cojones.
Uno no era así, uno se ponía aquellos pantalones heredados mientras mi vieja festejaba: “Mira qué bien te queda” aunque me quedara el puto pantalón como una reverenda mierda. Uno no día ni un palabra, porque ni tenía uno palabras, ni derecho a decir nada.

Desde la ventana de mi infecto cuchitril, escuchaba aquellas navidades de mil novecientos ochenta y nueve, la propaganda insufrible de la felicidad, las delicias prometidas en aquellos cotillones donde gente con mi edad desbordaría el cauce del gozo. Pero yo- que era a tan tierna edad poeta lírico y librepensador por el careto- no me sentía totalmente gilipollas y sabía que esos saquitos de felicidad que se venden por avenidas y plazas no llevaban mi nombre.

Fumaba mi tabaco negro y bebía licores bastante asquerosos que alguien trajo bajo el brazo algún día; Licor de menta, leche con güisqui o calimocho, alguien que fue invitado a una de esas fiestas tristes, pobres y hermosas que organizábamos mis dos atribulados amigos y yo mismo. Aquellas fiestas erróneas donde la risa espantosa que esgrimíamos hacía que los neófitos movieran sus pañuelos diciendo: “adiós, adiós, ahí os quedáis con vuestras risas y vuestra infinita soberbia, poetastros”.

En la nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, temía- era la vileza, mi secreto, el patetismo de mi soledad- que mis dos amigos en la tristeza curasen sus heridas, que lamiesen las cicatrices del azar y de la vida y anunciarán festejos, fandangueos sin angustias, exuberantes cenas con sus papás y sus mamás, la familia ya por fin, bien avenida y resuelta.

Llegaría, aquella nochevieja de mil novecientos ochenta y nueve, por fin la hora bruja y nos buscamos los cuatro: mis dos amigos tristes, mi novia y yo mismo. Sentimos una alegría extraña y compramos entre todos más tabaco que de costumbre, veinte duros de chocolate para fumar , algunas cervezas y una botella de ron barato.
Nos metimos en aquel cuartucho que nunca tuvo luz y encendimos velas.

Nos mirábamos las caras y reíamos y reíamos mientras que uno se afanaba tirando, de vez en cuando, serpentinas de colores por nuestras cabezas, para que al salir viera el mundo sordomudo, que éramos fiesteros con cojones.

Y por el bien de nuestros padres, a los que tranquilizaba cantidad saber que sus vástagos iban por la vida de fiesta en fiesta.

sábado, 20 de diciembre de 2008

CARLOS EDMUNDO DE ORY Y LA MÚSICA DE LOBOS


Hay veces en las que el atardecer se pone vanguardista y abisma sus colores.
Una ráfaga roja se manifiesta entre nubes que amagan figuras caprichosas y bichos mitológicos, como si un Kandisky colérico trazara su prodigio de color sobre el venerable paisaje que compusieron las luces de los astros (que tiritan a lo lejos).

Otras, crepusculea puntillista como una obra de Seurat y se diría que el rumor del viento que recorre la ciudad llega como un Debussy afónico de armonías que se desmontan. Sin embargo, aquella tarde, las nubes (con grandes claros) se hallaban sumidas en una deliciosa pereza, levemente postista. Era como si el cielo estuviera cansado ya de verborrea lírica en torno a su presencia, a sus colores naturales, a su inefable condición de continente de dioses, vírgenes y ángeles desolados sin sexo y sin deseo. Era aquella tarde, insisto, de un postismo jubiloso e irreverente y esperábamos la llegada de Carlos Edmundo de Ory; postista jubiloso e irreverente.

Uno regenta como puede - junto al escritor Jota Siroco- una modesta editorial de pueblo, la hemos llamado “Libros del Malandar”, aludiendo con su nombre más que a un lugar emblemático de Sanlúcar de Barrameda, a una realidad económica que zozobra entre el malandar pecuniario y la ruina absoluta. Tenemos, pese a todo, la alegría de haber publicado a muchos y buenos poetas de la provincia y tuvimos la suerte hace poco más de un años, de organizar una lectura con “Música de lobos” en la que Carlos Edmundo de Ory, quizá el poeta español más importante literariamente hablando, de la segunda mitad del siglo XX, nos deleitó con su presencia.

No se engaña uno y sabe, que en el escalafón literario ha quedado para proletario. Que ya forma parte uno de esa nómina multitudinaria de poetillas y articulistas de Regional Preferente, que cuando se hacen muy mayores, reciben en sus pueblos el obsequio de que pongan su nombre a una calle en un polígono industrial desangelado y feo como, pongamos por caso, una fábrica de terrazos.
O son finalmente sus obras completas editadas por una diputación, más o menos mil libros de poesía o de prosa poética (que también puede darse ese caso), que irán pudriéndose de pena, entre el olvido y las humedades del sótano de las bibliotecas de barrio.

Pero entre las alegrías que puede darnos este- llamémosle- oficio, está la de conocer alguna vez, a personajes como Carlos Edmundo de Ory.

Cuando este poeta mayor y fundamental de nuestra poesía patria, llegó al lugar en el que había de celebrarse la lectura, uno andaba colocando cables, micrófonos y demás atrezzo. Proletario que se es, como decíamos, de las letras provincianas.

Carlos Edmundo de Ory tiene ochenta y cinco años, se pone un sombrero y un jersey de un verde chillón. Se pelea con los micrófonos y pregunta a la audiencia si es necesaria esa técnica de amplificación para leer. Hace falta, le dice la audiencia que empieza a sentirse cómoda, porque esperaban a un pope octogenario, arrogante y ausente, como si el recital fuese un trámite enojoso que hay que cumplir, y se encuentran frente a un adolescente sapientísimo y entregado, que afirma que así como el manzano da su fruto; sus manzanas prohibidas o lícitas, él, que es poeta, dona al mundo el fruto de su mente (¡Jesús! ) y de su corazón: Los poemas.

Leyó Ory y cantaba Fernando Lobo, todo desde una intimidad misteriosa, desde una complicidad entre público y artistas que se parece bastante al amor, que tiene que ver por supuesto, con la devoción y el cariño. Los poemas de Carlos Edmundo de Ory, que poseen la grandeza de quien ha creado una obra que es un conmovido homenaje al idioma, al ritmo poético y a la grandeza estética, sonaban en su voz como si fueran nuestros, como son nuestros algunos versos de Alberti, de Vallejo, de Lorca o de Neruda.

Porque lo que trasciende, a todos nos pertenece en la medida que forman parte de la historia de los pueblos. Carlos Edmundo nos enamoró esa tarde en la que el cielo quiso ponerse postista, como sólo seducen los adolescentes sabios de ochenta y cuatro años; con la humanidad, la sabiduría y la gracia.

Las personas que salimos de aquel recital, de aquella música de lobos, estábamos contentos y parecíamos mejores . La poesía, pues, puede cambiar el mundo durante un rato. Por ella y por Carlos Edmundo de Ory levantamos felizmente nuestra copa.

viernes, 12 de diciembre de 2008

DIÁLOGO DE TONTOS

Un tonto le dice a otro tonto:

¿A que tú no sabías que unos señores que se dedican a defender el mundo libre por el orbe, agarran a sus prisioneros, los trasladan en aviones dicen que secretos, hasta unas mazmorras (que ahora llaman centros de detención) o hasta campos de concentración (también llamados ahora “Centros de Internamiento” y que todo esto lo perpetran lejos de sus fronteras, en países súbditos (también conocidos como “aliados”) o a través de gobiernos comparsa ( “Incipientes democracias”, según la poética terminología al uso)
Y que hacen todo esto allende los mares porque, defensores de la libertad como se postulan, consideran de bastante mal gusto o incluso ilegal, hacerlo en los Estados Unidos de América, ese basto país?.

El tonto continúa: Y cuando por fin tienen a esos sospechosos encerrados sin juicio ni defensa ni abogados ni otras gaitas de los estados garantistas, dicen las malas lenguas- la jauría marxista que todavía vive los últimos estertores de aquella ideología- que los someten a tormentos indecibles y a torturas horrorosas (también conocidas como castigos físicos moderados).

El otro tonto, asqueado por el discurso propagandístico expresa con una mueca la repugnancia que le producen esas sospechas y afirma con absoluta convicción: “La señora Condolezza ya le ha dicho a un pavo alemán que va por ahí de ministro de asuntos exteriores, que todo es un despropósito y una campaña de difamación contra el glorioso Imperio y que en breve- en cuanto encuentren las excusas apropiadas- darán a los aliados la pertinente información sobre los secretos vuelos que los agentes de la CIA van haciendo cual turistillas por los espacios aéreos de los países a sí mismos llamados independientes.”

El tonto más tonto de los dos tontos dice ¡puaj! Porque sabe cómo son esas explicaciones de los americanos y como es tan zoquete, no se le ocurre otra cosa que recordarle al otro tonto, cómo durante los años ochenta los atildados antiterroristas de hoy, fomentaron con sus bombas y sus cosas, el auge del fundamentalismo islámico en Oriente Próximo, frente a las propuestas panárabes laicas que representaban algunos personajes como Nasser, cómo convirtieron en héroes a los talibanes que luchaban contra el yugo soviético, temerosos entonces ya los soviéticos de que todas las repúblicas limítrofes con Afganistán, terminarán imbuidas del fanatismo religioso afgano.

Eran los tiempos célebres en los que se podía decir, como de hecho se dijo de Augusto Pinochet: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Incluso le recuerda el memo al otro memo que el tirano Sadam Hussein, también fue hombre de confianza y socio privilegiado de la administración americana, tanto que el Cheney, ese fanático minelarista cristiano, se iba con él de parranda por los palacios de Bagdad para firmar acuerdos económicos y políticos de gran envergadura moral. Y que sólo cuando la guerra Irak e Irán, concluyó, con la derrota militar y la ruina de ambos bandos pero el pingüe beneficio de la administración Reegan (acuérdense del Irangate) y el equilibrio de alianzas financieras se inclinó hacia el lado saudí (otra bonita democracia aliada del imperio, como se sabe) censuraron la dictadura del partido Baaz, de inspiración socialista y laica, y convirtieron a Sadam en icono del terrorismo islamista internacional.

El otro tonto también dice : ¡Puaj! Porque no le tienen ningún respeto a su correligionario. Qué coño sabrás tú de política internacional y de geoestrategia chachi pirulí, melón. Tú lo que eres es un simpatizante de los turbantes y un traidor a tu patria que te gustará hasta el estatuto de Cataluña, en tu estulticia “pogre pija acomplejada”
Ahí terminan el diálogo los dos idiotas, porque se sabe que los tontos como ellos, sólo dicen tonterías.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

CARTA AL REY (Melchor)



Querido rey Melchor:

Anda uno ya por los cuarenta y lleva desde que tuvo cinco, dudando de tu existencia y, lo que es peor, dudando de tus intenciones. No conocí, cuando tuve edad, ningún chiquillo ni chiquilla, que mereciera tu desprecio y el de tus dos colegas y sin embargo, he sufrido como casi todos por este hemisferio, vuestra dicotomía simplista de “buenos” y “malos”.
He vivido mañanas desoladas del seis de enero, en las que vuestra ausencia o lo que aún era peor: vuestra lastimera y raquítica presencia, me produjo más que dolor, más que tristeza, una vergüenza infinita, porque esa era la segunda parte de la tradición y la farsa: no bastaba con recibir los frutos del chantaje moral al que éramos sometidos los enanos del mundo occidental, resultaba además preceptivo, salir a exhibirlos por las calles del barrio.

A ver dónde iba a ir uno y con qué cara, cargado con su Fuerte de plástico de los Confederados del Sur y con los muñecos también de plástico que parecían diseñados por un pederasta cruel, si se me permite el pleonasmo. En la segunda mitad de los años setenta, la bicicleta y, algo más tarde, el monopatín, eran los presentes más codiciados por la población infantil masculina. La población infantil femenina, se conformaba con recién nacidos de trapo que eructaban y cagaban como condenados, en un alarde técnico y robótico, encomiable para la época.

Huelga decir que jamás poseí ni bicicleta ni monopatín, y fíjate, Melchorcito de los cojones, que era tal mi conciencia de clase ya, a tan tierna edad, o mejor: era tal mi resignación, que jamás pedí en la carta que se os mandaba al lejano Oriente, ninguno de los dos tesoros, acaso porque mi abuela se encargaba siempre de sentenciar las posibilidades económicas de vuestro reinado.

Para mí el mundo no se dividía en buenos y malos, como para vosotros y para mis viejos. Para mí la división era entre ricos y pobres y esa división se complicaba porque los pobres, los muy capullos, tenían la voluntad de dejar de serlo. Y los ricos, ya sabes tú, Melchor, que vives entre palacios de invierno y de verano, no estaban por la labor.

Luego, ya más crecidito, me dijo uno que a eso se le llamaba “lucha de clases” para años más tarde, enterarme que la partera de la historia había periclitado su ciclo y que ya no había lucha de clases, que se había firmado la paz y el fin de la historia. Pero, querido Melchor, eso son otras fantasías, ahora hablamos de aquellos lejanos años.

Pensaba uno, desde su tontería, viendo cómo el hijoputa de segundo curso de lo que antes se llamaba Educación General Básica, iba ya por su cuarta o quinta bicicleta “BH” y tenía medio batallón de Madelmans, siendo como se ha dicho un hijoputa lamentable y faltón, que uno se merecía más la bicicleta, y hasta un condado en el Perú, de lo bueno que había sido. Pensaba uno que el mundo era injusto y vuestros gestos también, que lo que había nacido de una tradición del año cero de nuestra era, se había convertido en una escenificación social para la que uno ni había estudiado, ni estaba preparado. Aferrado a la utopía, mi hermano y yo nos decíamos, temiendo lo peor: “Tío, pero al final los Reyes Magos, estos, se portarán y comprenderán que nuestros pecados y nuestras maldades son veniales y decididamente perdonables”.

Esa madrugada vuestra del cinco de enero, en el que los chiquillos tiemblan de emoción cegados por la fantasía, la pasaba uno angustiado por su conciencia, porque la religión a la que representáis, por muy arabescos que fueran vuestros atavíos, había nombrado pecado la mayoría de las cosas que pueden pasar por la mente de un ser humano. En aquellas noches lentísimas, descubrí que la mente, el pensamiento, eran la libertad…algunos de los vuestros llamaron al pensamiento “demonio” “Satanás” o “tentación”. El día que por fin me enteré del timo, mi querido rey Melchor, me harté de reír y abracé con fuerza a mi hermano, sabiendo que ni él, ni yo, teníamos culpas ni merecíamos castigos.
Comprendí que nadie viene ni del cielo, ni del planeta Ratikulín (que me gusta ese planeta) a regalarnos nada y que, como decía Víctor Jara, nuestras manos son lo único que tenemos. Nuestras manos y nuestros brazos, para poder dar así un rotundo corte de mangas a quien se lo merezca. Y, claro, me hice republicano

viernes, 21 de noviembre de 2008

MIS ZOZOBRAS COMPLETAS: VESPERTINA

Si tenemos que abandonarnos, hagámoslo a los sueños, frecuentemos nuevamente la quimera desolada, acariciemos otra vez con la perseverancia de entonces el cuerpo desnudo que yace a nuestro lado, acariciemos incluso nuestro propio cuerpo ofrendándonos a Onán. Si hay que abandonarse mejor hacerlo a esas tardes de otoño tocando rocanrol en un local infecto, con amigos que vienen y amigos que se van, como en la copla. Añoremos la voluptuosidad de nuestras viejas melenas heavys convocando la alegría de nuestra actual destreza guitarrera. Si ha llegado la hora en la que no levantaremos sueños adosados en nuestras rústicas parcelas porque no queda ni dinero, ni confianza, ni huevos, levantemos el bendito castillo que dibuja en el aire la medida de nuestras ilusiones. Si tenemos que abandonarnos porque son tiempos perros, mejor hacerlo a la poesía, sentados así, tranquilamente en un velador de Casa Dueñas, cuando cae la tarde y apenas se ven ya por las aceras derrotados hombres con maletines, hablando como enfermos del mercado por teléfonos móviles que hieren el espacio. Cuando la ciudad siente un conato de alivio vespertino, mientras que amorosas legiones de mamás con sus niños salen a airearse de las servidumbres del hogar y los chiquillos se montan en el carrusel mínimo de caballitos, con las caras iluminadas, revalorizando el caballo aquel de cartón de Don Antonio Machado. Si vamos a abandonarnos a nuestra suerte, tras las duras horas de trabajo, tras la dura cicuta de las nóminas, los banqueros, las colas del paro y las ruinas, tras toda esa cotidiana porquería, hagámoslo paseando por la orilla de este río y disfrutemos del prodigio de la luz que mece sus colores sobre el agua. Seamos revolucionarios si vamos a abandonar: defendamos lo que queda de nuestra vida.

jueves, 13 de noviembre de 2008

IMPORTANCIAS



No sé es nadie, la vanidad con la que andamos suele pegarse de bruces contra un doloroso ridículo universal, nadie es gran cosa ni nada es demasiado importante.

Sólo la paz es importante. Despertar cada mañana y no tener miedo a ser bombardeado, violado o humillado por matones cochinos armados hasta los dientes, vestidos de pesadilla bélica.

Solamente la guerra es de una brutal importancia. El desorden moral de la soldadesca, el espanto ante la crueldad con que se aprietan botones sangrientos en inmaculados despachos del odio.

Sólo el hambre es importante. Asistir a la caída sobre nuestros brazos de la derrota total del niño que se abandona a la muerte.

Solamente el amor es importante. Sentir el exquisito temblor interior que nos arrastra a los brazos de ella, y verla a nuestro lado y convertirnos en dioses adictos a todas las manzanas y a todos los castigos.

El resto, viene siendo una tontería flagrante por la que deambulamos.

Ni las tribulaciones de adolescente compungido que considera su mierdecita de pena la más universal de las desgracias, sin entender que su barrillo purulento pasará como todo en la vida, se secará y terminará verderón, afeando su careto hasta el próximo fin de semana.

Ni los malolientes humos del cincuentón que acaricia las monedas de la estafa considerando siempre el legendario libro de sus derechos y apenas el libelo de sus deberes.

Ni es nadie tampoco, el traidor que babea los postres de la infamia porque se diluirá en el tiempo su asquerosa fechoría y todos nos olvidaremos, silbando nuestra olímpica indiferencia, de su miseria y de su vida de moral mugrienta.
Todo es confuso, menos tu vientre, decía Miguel Hernández, y tenía razón.

viernes, 7 de noviembre de 2008

SALUD MENTAL

El cerebro humano es una maravilla, una máquina rarísima por la que miles de fantasmas y fantasmagorías pululan y bullen.
Yo puedo ir por la calle y estar pensando en Obama, así: impunemente. Puedo estar en la puta cola de un banco para ver si mis ahorros están seguros y no darme cuenta hasta que me llegue el turno de que no tengo ahorros, y esto sucede porque el cerebro humano es un cachondeo y el bombardeo de los medios me ha ido enajenando y me he plantado aquí, a que me garanticen mis setenta y nueve euros con cincuenta que es lo que me ha pagado una institución cultural muy respetable por un artículo que es de los tiempos de Maricastaña pero lo he cobrado ahora, al año.

Uno, en su infinita modestia, no considera su propio cerebro gran cosa, pero hace unos años estaba más sano, más cachas… y no era raro que mientras silbaba una melodía, estuviera a la vez pensando en la difícil situación de los territorios ocupados. En estos días pensamos solamente en la difícil situación de los territorios de nuestras casas, hipotecadas hasta las trancas.

O en la difícil situación de nuestras despensas, otrora colmadas de chocolatinas y cosas ricas y al día de hoy expuestas a una melancolía cuartelera de legumbres y galletas de oferta. Los gobiernos del mundo han sido ocupados por una cohorte de humoristas crueles, a veces asesinos y a veces no, pero todos ellos crueles, que bromean mucho en las altas cumbres y que dedican enormes partidas presupuestarias para sus gastillos.

Todas estas teorías – y más que no me caben- las ha ido generando mi cerebro (humano) mientras caminaba por las calles de nuestra ciudad. He pisado una enorme deposición (no humana) y se me ha parado el pensamiento justo en la mierda. ¿Será grave?.

jueves, 30 de octubre de 2008

ALTAMIRA SUPERSTAR

El surrealista le metió un limón por el ombligo a una virgen lánguida extasiada y patiabierta sobre el lomo de una ballena bíblica que contuvo la excitación para no expeler de sus entrañas, con un estornudo rotundo, al buen Jonás.

El socialista miró a la famélica legión, no debió de gustarle la visión, así que le hinchó la musculatura para que sedujera al mundo occidental desde los enormes murales del sueño comunista, convirtiendo al hombre nuevo en un cachas sistemático cuyo martillo soberbio lo mismo valía como herramienta que como arma revolucionaria.

El hiperrealista era un viejo recién operado de cataratas descubriendo las luces que Monet había velado con tanto mimo, sumido en su melancolía decimonónica.

El dadaísta había sufrido tanto con los dados de Mallarmé y con su perturbadora negación del azar que decidió someter todo el arte a la casualidad, el dadaísta buscó a uno con nombre puramente dadá; Tzara , y se montó su fiesta hasta que la república de Weimar lo aburguesó.

El ultraísta fue cegado por los grandes mecanismos detenidos de las fábricas, al fin poéticas desde su tristeza infinita.

El futurista compuso antiguallas y greguerías castizas de sideral violencia.

De todo el revoltijo, de toda esta feliz o desgraciada ceremonia, de esta macedonia o esta vomitera, que eso va en gustos, nace la pinacoteca de la perplejidad contemporánea, el desasosiego policromado, la mancha que cae sobre el lienzo desde el abismo o desde las alturas.

Cierto asco lleno de astucia hacia los mercaderes y los galeristas y también una pútrida mansedumbre de colorines y prostitutos del espacio museístico.

Hablamos de la pintura moderna; de la estafa del tebeo sublimado con bichos japoneses y quijadas expresionistas, de los puntos sin la grandeza puntillista de un Seurat, de los puntos como asteroides de color en una galaxia de impostura y juerga.

De sofisticados macarras que visten su ineficacia o su sinvergüencería colosal de glamour y de misticismo cagadito pedo a pedo en los neones de los grandes almacenes, en su papel de regalo, en su papel de estraza como Tapies, en su papelón decorativo de la posteridad.

De el papanatismo de los comisarios políticos del arte, de el esnobismo maternal de los centros subvencionados de arte contemporáneo, que prefieren hacer históricos ridículos antes que rechazar la cagadita de mosca de uno, que a lo mejor, dentro de doscientos años, cuando todos seamos otra vez medio primates, es considerado un verdadero genio incomprendido del siglo XXI.
Los que serán glosados por los futuros comentaristas borrachos y por los críticos de arte, con la boca abierta ante la tontería de Altamira Superstar.

martes, 28 de octubre de 2008

NOTAS DEL PASEANTE



Ya se acerca otra noche,
garabatea el cielo sus presagios de lluvia

Mi reflejo me mira desde el escaparate
y saludo al personaje.

Este tiempo de otoño me ha vestido otra vez
con aquel viejo abrigo que siempre pareció contener
a un hombre bastante más viejo,

Y vuelvo a mi reflejo en el escaparate
Y ni sé ya cuántas noches cayeron como ésta.

Siento un escalofrío al constatar tristezas,
lluvias que regresan, plazas desoladas
y neones que titilan cual astros a lo lejos

Y empiezo a ser consciente de que ya estoy metido
en los pliegues de esta ropa, de que voy dando la talla
tan antigua que marca la etiqueta de este abrigo.

Me doy cuenta, en fin, de que ya no me engaño,
de que me he convertido en lo que temí alguna vez,
de que no soy ya más que lo que parezco.

(de “El cuaderno amarillo” , de próxima aparición… seguramente)

lunes, 20 de octubre de 2008

MÍSTICA

Le cuesta tanto al ser humano entenderse consigo mismo. Lo que más contento le pone, es soñar y fantasear con la vida después de la muerte. Expresión paradójica que induciría a la risa si no fuera porque muchas tonterías se han cometido atendiendo a los dictados de esta fantasmagoría absurda.

Si de verdad creyésemos en las excelencias del más allá, nos darían ganas de cortarnos tajantemente las venas y arribar de inmediato a los soleados paraísos en los que nuestros niños jugarían con los leones, nuestros jóvenes follarían eternamente a mórbidas huríes y a nuestros mayores se les pondría una cara de de sabios que ganas darían de besarle a todos y a todas la venerable calva.

Por eso, cuando miro una rata atropellada en la carretera y voy observando cómo según pasan las horas, la rata va desdibujándose del asfalto para terminar siendo una mancha más sobre el alquitrán una vez que los bichos han dado buena cuenta de la sangre y las tripas; y las ruedas de los coches de la piel y los huesos, se me resbala la mística por todo el cuerpo, me encojo de hombros y silbo por distraer la esencia del hombre trágico.

se siente más cerca uno de la rata que de Jesucristo, porque a la rata la entiendo, la rata es mensurable, y lo del Cristo un lío que ha provocado charlatanería a tutiplén.

Se pone a pensar uno en los muertos de las guerras, en los muertos de la catástrofes naturales, en esas playas regadas de cadáveres, y lo que se me viene a la cabeza es la rata destripada, el perro atropellado en la autopista, la materia transformada, en suma, que ni se destruye ni desaparece.

Uno que quiere, pese a la repugnancia que le inspiran, parecerse más a la rata que a la mosca del vinagre cuya secuencia genética, por lo visto, apenas se diferencia de la nuestra, sabe que el sol, en términos relativos, se va a apagar en poco tiempo y sabe que nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar y que no hay ángeles subacuáticos sino peces que te comen los ojitos.

Ni Neptunos iracundos con su tridente amenazante, sino salitre que hincha la piel y cuando el mar, que es el morir, te vomita hasta la orilla… no hay un dios que te reconozca.

miércoles, 8 de octubre de 2008

MONÓLOGO


1.-. EL SIGNO DE INTERROGACIÓN
Escribí: ese hombre que cabalga sobre la interrogación del caos, porque hablaba yo entonces del signo de interrogación, que nadie me negará, es un caballo de mar que se mueve caprichoso en el océano de letras.
¿Certezas? ¿afirmaciones? ¿dogmas? …densas tesis que se ahogan en las trampas del lenguaje. Y llega, trota que trota, caballito preguntón. Y es más vistoso este signo ¿? que el alud inesperado de metáforas, de lunas o de lejanas tierras habitables.
De Poncio Pilatos a Nietzsche, ¿Qué es la verdad? Preguntaron. De Dante a Pablo Picasso, de Lennin con su quehacer o su ¿qué hacer?, de Miles Davis a Miró, el hombre que está aprendiendo o asistiendo al drama de vivir, hará gala en su momento del signo de interrogación.

2.- EL SIGNO DE ADMIRACIÓN
¡Oh, signo de admiración, erecto como un fusil, marcando la diferencia entre indignación y zozobra, entre discurso y desánimo. Pellizco de la lectura, agua fría que reclama miradas que se han perdido por entre la letra impresa.!
¡Oh, signo de admiración, espanto de las frases hechas, ofuscación, dependencia. Álvaro de Campos que se exaspera y aúlla ¡Recio espasmo retenido de los enfurecidos mecanismos!
¡Oh, signo de admiración, te espero siempre cuando dormito entre el punto y seguido y el grito soberbio que das me devuelve a la leyenda!

3.- LOS PUNTOS SUSPENSIVOS
Qué habrá que ya no se diga… Qué no se puede acabar o que es tan evidente que no veré necesario decir lo que bien se intuye… ¿Qué fluidez y qué gracia dará al signo muerto rango de conversación? ¿Con qué desprendimiento consideraremos enorme la inteligencia de quienes nos atienden?: con los puntos suspensivos…territorio minado del relato del que es mago Louis Ferdinand Celine, el escritor más moderno de nuestro tiempo…como dicen las reseñas que son siempre interesadas.
Qué hermoso juego…me engancho al gozo de lo inusitado…al erotismo anunciado y al misterio de la frase, las frases…esas que esperan, que marcan con su dibujo una inconclusa verdad, la verdad; los tres puntos suspensivos…

4 EL PUNTO Y COMA
No sé si ha quedado claro; si me explique como debo; si debería subrayar lo mejor de lo que digo. Quiero que esperen un poco para ver cómo sucedo a la frase más liviana con el punto y con la coma. Insisto en el argumento; sea convicción, duda, axioma…todo ello con la ayuda, claro está, del punto y coma.

5.-. LAS COMILLAS
Abro comillas y cierro comillas. Pongo el mote o la ironía: Juan Antonio Gallardo, “Gallardoski” . Abro y cierro las comillas, digo las cosas que pienso pero acepto el disimulo, voy a poner un ejemplo: “Y aquella cantante con voz de cisterna atascada cantó (o cantuvo) “ . También lo diremos así: Y aquella cantante con voz de cisterna “cantó” y me he ahorrado algunas letras. Cito la frase o el verso: “Amada esta noche tú te has sacrificado” que es un verso de Cesar Vallejo, y marco la diferencia entre mi paulatino delirio y la voz grande y potente del “Peruano universal” . ¡Ah las comillas, pequeña burguesa figura del texto! Metáfora mala que se advierte. Cuando cierro las comillas se tambalean los adjetivos.

6.-. EL PUNTO Y FINAL
Y esto fue todo.
Punto
Y
Final .

lunes, 29 de septiembre de 2008

FUTBOLÍN


Había dos modalidades; parando y sin parar.
Parando significaba que con la fila de delanteros se podía poner uno artístico y hacer algunas filigranas, pasando la bola de un muñeco a otro, con lo que se provocaba la exasperación del contrincante que manejaba a los defensas y al portero y que tenía que extremar la atención y soportar el tonteo burlón del virguero de turno.

Los muñecos, mancos de los dos brazos como figurillas paralímpicas, uniformados con los colores del Madrid o del Barcelona, con cara de juguetes antiguos y atravesados por una barra de hierro, carecían, pese a todo de entidad porque éramos los jugadores los que nos proyectábamos sobre el juego.

Esta modalidad del juego, parando, no era la habitual cuando las competiciones resultaban verdaderamente disputadas. La regla predominante era jugar sin parar la bola.

El posible virtuosismo era relegado en aras del resultado, aparte de que jugar sin parar le daba mayor dinamismo al partido y era donde realmente se demostraban las facultades de cada uno de los contendientes y la dureza de los saques y los tiros a puerta, así como la atención y la intuición geométrica de los porteros, que formulaban sus teorías físicas sobre efecto, velocidad, recorridos y ángulos de tiro.

Dentro de mi repertorio, una de las fórmulas más celebradas con la que se iba haciendo uno un doméstico mito de ese juego, tanto que ya nos resultaba complicado a mí y a mi compañero en la portería encontrar contrincantes a los que batir, era mi tiro a balón parado.

No recuerdo cómo lo hacía y seguro que a estas alturas no sería capaz de repetirlo, pero conseguía que la bola se quedase entre los pies del delantero sin detener el juego, y con un movimiento de muñeca y un efecto espectacular, la bola salía disparada y sonaba como una bomba el impacto del disparo contra la pared interior de la portería contraria, mientras que el chaval que velaba por aquella portería se quedaba con cara de ni haberla visto.

Pero todo se pervierte en esta vida y mis éxitos en aquel futbolín del barrio me llevaron a empezar a pavonearme en exceso delante de mis compañeritos de farra. No confesé entonces que así, con aquel juego, me redimía de mis fracasos futbolísticos y como sabe cualquier persona que haya nacido antes del imperio de las consolas y los video juegos, ser un fracasado en el fútbol para un chaval era lo mismo que ser un fracasado en la vida.

Mi vanidad me llevó entonces a buscarme a otro compañero, porque mi portero habitual ya no daba el nivel que yo exigía al equipo. Así que por fin, en medio de una partida con una pareja de jugadores pijos que venían de los futbolines de la zona buena de la ciudad atraídos por mi leyenda de gran jugador, le quité los mangos al compañero y le dije que me dejara solo, porque se había el compañero tragado un par de goles intolerables. Aquel amigo me miró directamente a los ojos y me dijo “ahí te quedas, gilipollas”.
Dejé que los pijos me ganaran aquel partido, al final los pijos ganan siempre y si no pueden hacerlo, cierran el garito, compran las contraportadas de los periódicos, inventan leyes, crean empresas que te contratan y después te despiden, para que aprendas.

Yo los dejé ganar, a los pijos, porque ya me importaba un carajo la partida, porque me importaba más la partida de la vida. Quería ir corriendo a buscar a mi amigo, disculparme y darle un abrazo. Esto del abrazo era casi imposible porque la jauría de chiquillos nos hubieran tildados de maricones de inmediato y con mis antecedentes como pésimo futbolista, no podía uno arriesgarse a la gestualidad del afecto, pero en fin, que prefería la amistad y la autenticidad de mi amigo que las proezas del futbolín.

Así ha sido casi siempre en mi vida. Así han sido mis renuncias y mi incapacidad de ejercer de lameculos de nadie para que me publique una mierdecita en alguna editorial, para que me contraten en un ayuntamiento, para que el primo de uno que conoce a otro me de un puto premio o una marchita flor natural en un certamen de los cojones, para que me den un puestecito de jerifalte de pueblo en algún partido político. Para cotizarme, en fin, en los mercadillos de la palabra o el cante.

Y es de lo único que a esta edad me siento arrogantemente orgulloso.

lunes, 15 de septiembre de 2008

RENUNCIAS



Hace ya algún tiempo que me quité de poeta. Sigo de articulista más que nada por fastidiar a un par de tontos y por agradar a dos o tres almas nobles que no cejan en el empeño de convertirme en gloria provinciana, en presentador oficial de cuanto bardo pase por nuestras tierras o en pregonero en la próxima verbena del Pago las Minas.

Yo no tengo inconveniente en ser el Juan y Medio de las letras andaluzas porque soy de natural comprensivo y tengo buen talante desde antes de que Zapatero reinase sobre ese particular.

Además con esto de la farándula ilustrada, siempre conoces a gente graciosa y a algún chiquillo poeta que me recuerda a mí mismo cuando entonces. Hace tiempo que me quité de chiquillo, bueno que me quitó de chiquillo el tiempo; que deja de ser relativo en cuanto te taladran el vientre y la pelvis las agujetas tras una noche de amor desesperada.

Pero a mi en verdad lo que me gusta es tocar la guitarra en los grupos de rock. Ahora que Jack Bruce, Clapton y Ginger Baker, cabalgan de nuevo y vuelven los legendarios Cream, espero que no solo por la crematística, pienso que es un buen momento para resucitar alguna de las bandas con las que pasé mi adolescencia entre tablao y tablao, cuando no tenía otro interés lírico que escribir canciones sobre la marginación social y contra la romería del rocío.

Yo me metí a lo de poeta porque me echaron de los grupos de rock and roll. Allí era demasiado fino, demasiado intelectual para la costumbre de la especie. Creo que por rockero y vacilón me terminaron echando también del parnaso pueblerino, así que me siento, a mi edad, como un inmigrante ilegal de las artes.

Ah, también me quité de analista político- de esto hace más bien poco- porque la única forma de sobrevivir a la vileza del presente era echando mano del cinismo y uno, como saben en mi comunidad de vecinos, no quiere terminar ahí, en el cinismo, que esa parcela del pensamiento débil está ya hasta las trancas de genios, talentos, cerebritos y espectros.

lunes, 8 de septiembre de 2008

FIESTAS PATRONALES

Es verdad eso que se dice: Casi nadie está contento con su físico, pero si haces la pregunta, es raro encontrar a alguien que con el mismo desparpajo carente de complejos con que confiesa sus michelines, granos o verrugas, hable de sus carencias intelectuales.

La mayoría, todo lo contrario, parece estar muy feliz con las luces que le tocó en gracia a la hora de repartir el equipaje genético. Es esa especie de chovinismo íntimo y personal con el que, sobre todo los hombres, nos vamos manejando por la vida.

A los pueblos les pasa igual, casi nadie está demasiado contento con las calles, tantas veces levantadas, con los atascos, tantas veces repetidos, con la inseguridad, tantas veces esgrimida como argumento para animar a la represión, es decir: casi nadie está muy satisfecho con la fisonomía que ha terminado teniendo su ciudad sumida en la megalomanía de sus jerifaltes o la profusión de maletines misteriosos cargaditos de comisiones, pero en cuanto les sacas a relucir sus ferias, fiestas patronales, semana santa o romería mariana, es absolutamente previsible la respuesta del paisano, ya sea éste Agamenón, su porquero, intelectual de taberna, concejal de despropósitos o alguacil en prácticas: “La feria de (póngase el pueblo, ciudad o pedanía que cada lector considere conveniente) es la mejor, o mejor: La Mejón der mundo”.

Puede ser que esa llamada “Feria” sea una porquería a nivel de infraestructuras, una mierdecilla sin condiciones de seguridad ni de salubridad para los ciudadanos, pero da igual. Si el recinto ferial no es muy grande, no se dirá nunca que es una birria de recinto, sino que el alcalde de turno o el pavo que ande de delegado de fiestas proclamará: Nuestra feria es recoleta, recogidita y familiar ergo “e la mejón der mundo”.

Si, por el contrario, la feria es tan grande que se deshumaniza y revierte directamente en el descanso de los vecinos menos jaraneros, el mismo delegado de fiestas con otro traje y el mismo alcalde, con otro morro, afirmarán ufanos de sí mismos: Nuestra Feria cada vez crece más para que todos los ( póngase aquí el gentilicio que cada lector considere, nuevamente, oportuno) tengan ocasión de disfrutarla, ergo el macro botellón intergeneracional que es esa feria, vuelve a ser indefectiblemente en boca del alcalde, aláteres y ciudadanos: “La mejón der mundo” .

Si las ferias, verbenas o virguerías sacramentales, se dan en circunstancias de modestia económica por parte de los consistorios, tanto que no hay euros ni para portadas, ni para grandes actuaciones místico folclóricas, ni para la asistencia de famosillos por el real, jamás se admitirá que nuestras fiestas no interesan a prácticamente nadie más que a churreros, titiriteros, equipos de gobierno y los cuatro esforzados parroquianos; se nos dirá: Nuestra feria es económicamente débil (como en la película casposa aquella) pero goza del talante de nuestra gente, de la simpatía de nuestros ciudadanos y de la hospitalidad de nuestros garitos, ergo también será “La mejón der mundo” sin ninguna duda.

Lo más seguro es que todos tengan razón, que como decíamos al principio, nadie tenga dudas sobre la excelencia de sus fiestas porque forman parte, las fiestas, de una identidad tribal que como todo lo gregario nos aporta seguridad.

A los marcianos, cuando vengan y se queden flipados con el Busch, el Jomeini ese del uranio, el Bin Laden (otro marciano) o el mismísimo Zapatero (¿mi presidente?: Er mejón der mundo), le diremos:

¡Señores marcianos, pese a la manifiesta fealdad de algunos de nuestro próceres, sepan ustedes, hombrecillos verdes de ocho ojos, que el planeta tierra es “er mejón der mundo”. ¡Dónde va a parar!...

lunes, 1 de septiembre de 2008

TANGO QUE ESCRIBIERA EL INSIGNE VATE JOTA SIROCO EN EL DÍA DEL CUARENTA CUMPLEAÑOS DE GALLARDOSKI, QUE APARENTA COMO TODO EL MUNDO SABE TREINTA Y NUEV

pal gallardo en sus 40... (5/07/2008)
¡quien dijera, compañero,
te ponés en los cuarenta,
sin apenas darte cuenta
te plantás en la mitad,
te disfrazas de cangrejo,
y vas bajando la cuesta,
vereita del infierno,
ya caminas hacia atras¡
...no te apures, compañero
vos sabés que iba a llegar...
te lo dice un perro viejo
que se olvidó de llorar!
¡una lagrima no vale
para la vida ganar.!

¡quien dijera, compañero,
te plantás en los cuarenta,
te ponés hoy por montera
la tierra que te crió,
te juegás el mundo entero
a la luz de las tabernas
y te renaces coplero
de la risa y del amor!
hoy no lloras, compañero,
que hay lugar pa la quimera,
no hay rincon para la queja,
sólo hay sitio pa el valor
¡una lagrima no vale
pa ganar un corazón!

¡quien dijera compañero
te plantás en los cuarenta!
...y a la luz de las estrellas
un tango suena en tu honor...
para decirte, canejo,
bien jugaste la partida,
diste un ordago a la vida
y tu fuiste el que ganó

¡una lágrima no vale
para hacer una cancion
!

martes, 26 de agosto de 2008

VERANO DE NIÑO POBRE


El verano del niño pobre comenzaba el día en que la madre sacaba de un armario los harapos veraniegos del año anterior, la ropa de verano, como pomposamente llamábamos a los pantalones vaqueros cortados a tijera y unos vergonzantes bañadores de cuadritos, o con un delfín amarillo dibujado justo a la altura de la picha con los que íbamos haciendo colosalmente el ridículo por las playas y las piscinas públicas de la ciudad

Los veranos de la infancia, eso lo ha dicho casi todo el mundo, eran largos y en nuestro caso; tediosos y miserables. La mayor parte del día andábamos buscando una casapuerta fresquita desde la que veíamos pasar el tiempo con un existencialismo ágrafo que hubiera hecho las delicias del Jean Paul Sartre, lo nuestro no era náusea, claro, lo nuestro era fatiga, fatiga de vivir y de la vida.

Hasta los momentos felices como la playa dominguera con los papás, se iban estropeando a medida que la unidad familiar se derrotaba durante el tortuoso camino que llevaba hasta la orilla, cargados de sombrillas, toallas, fiambreras y neveras de plástico. La colocación de la sombrilla en la arena iniciaba el desastre y ponía en peligro la vuelta a aquella verbena playera. El padre echaba el día poniéndose ciego en el chiringuito, la madre se aburría y dedicaba la jornada a joderle el baño a los niños y por fin, cuando empezaban a pasar los ambulantes con sus sultanas y sus carritos de helados, el niño pobre se comía la penuria de su condición.

El niño pobre envidiaba los churretes de helado de chocolate del vecino de sombrilla, por eso hacía con los dientes un agujerito en el envase del plástico del polo de a peseta, para beberse el caldito y esperaba a que se derritiese la nieve para que durase más aquel placer miserable.

El niño pobre envidiaba a los niños que daban clases particulares y no se acercaba a ninguna chiquilla veraneante porque le parecían aristócratas inalcanzables.
Por eso el niño pobre se mataba a pajas y sentía mucha consternación y mucho arrepentimiento la mayor parte del día, como si tuviera él la culpa de no tener de nada.

miércoles, 20 de agosto de 2008

YO PUEDO RESISTIRLO TODO MENOS LA TENTACIÓN

Estoy alucinando con mi cuerpo. Y no es que esté apuntado en un gimnasio y vaya modelando mi musculatura como un Miguel Ángel de las carnes y las grasas. Hace años, después de un verano de dulces excesos, me apunté a un gimnasio.

Me compré mi ropa deportiva marca buena, mi buen par de zapatillas y hasta una cinta para el pelo, como Rocky Balboa. Fui dos o tres veces - vestido de calle, no de mamarracho- a echar un vistazo a los atletas. Había espejos por todas partes en los que los tipos hechos y derechos, se miraban el contorno de sus bíceps sin demostrar el más mínimo pudor, uno se mira en los espejos, a qué ocultarlo, pero disimulando, como si le diera a uno igual. También había un grupo de señoras y señoritas bastante estupendas, enfundadas en unas mallas, bailando una suerte de danza zulú, mientras el zulú, quiero decir; el monitor, las encandilaba con su acento sabrosón y sus carnes morenas y cubanas, que no sabía uno si adelgazaban las muchachas fruto del baile o de la pulsión sexual que el maromo les provocaba.

La chica que me tomó los datos el primer día, hacía de cicerone en aquellas visitas. Me enseñaba las máquinas milagrosas que eliminarían mis michelines y pondrían en su lugar unos abdominales de puta madre, que por lo visto yo tengo a pesar de no haberlos visto en mi vida. Me mostraba encantada el resultado que habían dado las sesiones de sudor y supongo que lágrimas, bailoteando y haciendo flexiones, en un par de jóvenes.

¿Los ves? Me decía, pues hace seis meses estaban peor que tú, concluía la señorita sin hacerse cargo del daño profundo que esa inocente aseveración me infringía. A la quinta de mis visitas, con la ropa deportiva sin estrenar todavía en mi mochila, la señorita me dijo cuando me vio llegar: ¿Tú no vas a empezar nunca, verdad? .
Asentí apenado y concluí mi relación con aquella muchacha y con el mundo deportivo.

Decía que estoy alucinando con mi cuerpo, y de ahí esta perorata, porque le van sucediendo cosas que nunca antes había conocido. Yo fumo. Fumo mucho y cuando estoy de copas, fumo el doble. Pero esto ha sido siempre así, desde los trece o catorce años. Mi cuerpo, esa ingesta de nicotina, alquitrán y toda la porquería que seguro acompaña el placer de mis cigarritos, lo metabolizaba más o menos bien. Al día siguiente se levantaba uno, esputaba rotundamente, tiraba de la cadena para olvidar, como se tiran las viejas cartas de amor o los poemas desesperados de la adolescencia, para olvidar y curarse uno.

Y nada, se salía a la calle silbando alguna coplilla y encantado de la vida porque era sábado o era domingo y el mundo arde los días de fiesta. El cuerpo este, el que tengo, se amanece ahora susurrando una letanía terrorífica. Por tarde que se haya uno acostado, por más que haya uno narcotizado su vigila, el cuerpo como un reloj, sea fiesta de guardar o no, me despierta a la hora de cada día, a las horas laborales. Y como ve el cuerpo que no hago caso de sus requerimientos, me flagela con un silbido en el pecho que trato de no escuchar, pero que se mantiene hasta que comienza a entrarme ese miedo humano y natural que tiene todo hombre a su propio espíritu.

Porque ando convenciéndome de que es mi espíritu, al que jamás he visto (como a mis abdominales) el que me llama.

Al principio eran pequeños suspiritos que hasta me hacían cierta gracia. Ahora ya no, ahora son requerimientos muy desagradables que incluso alguna vez han desvelado a la que a mi lado duerme. ¿Eso que suena es tu pecho? Me pregunta incrédula la mujer. No, es mi espíritu, contesto siempre fingiéndome tranquilo, cuando en realidad tengo más miedo que una Santa a una tentación. Por cierto, lo meto aquí de matute, decía Oscar Wilde: Yo puedo resistirlo todo menos la tentación.

Yo sé que mi espíritu lo que quiere es que deje el tabaco, que abandone los líos nocturnos y me porte bien los fines de semana, porque no tiene bastante mi espíritu con mi docilidad diaria, con mis gestiones, mi trabajito, mis formalidades, mis buenos días un café, por favor, o mis encantado de saludarle señor director de la entidad financiera que me esquilma.

Mi espíritu quiere que vaya a votar en las elecciones , que pague mis impuestos, que guarde las fiestas de guardar y que honre a mi padre y a mi madre. Que controle mis propias erecciones. Mi espíritu lo hace todo por mi bien, aunque me asusta.
Dicen los que saben de esto que lo mejor para exorcizarlos, a los espíritus, es un cura un poco majara, con una botella de agua bendita y un crucifijo de madera noble. Pero lo malo es que yo creo que el espíritu este que me posee, es un cura. Y llamar al demonio, aunque no creo en ese malaje azufrado , me da mucho miedo.

jueves, 14 de agosto de 2008

COSTUMBRES MARCIALES

En Liberia, los oficiales castigaban duramente a los soldados que consumían drogas o que se excedían con la bebida en los cuarteles, pero cuando llegó la hora de matar, violar, asesinar y cortar la cabeza al enemigo, los oficiales se ocupaban de que al obsceno pelotón de matarifes no le faltara el alcohol ni los narcóticos más excitantes, así, cuando iba cayendo la tarde, los ojos de aquellos soldados brillaban consumidos por una grotesca lujuria de depredación y sadismo.

El código de honor del ejército ruso, que viene del otrora glorioso Ejército Rojo, considera el asalto y el pillaje una degradación intolerable del militar, que podía ser castigada como falta muy grave, sin embargo; cuando la aviación ha terminado su asesinato en masa, se insta a la tropa a entrar en las casas destruidas a llevarse lo que les plazca como botín de guerra. En este botín se incluyen como es lógico la violación, milenaria arma de guerra, y la tortura, afición unánime de los ejércitos del mundo.

Los habitantes de Osetia del Sur, saben que el ejército de Georgia es afecto a la OTAN, y eso los deja mucho más tranquilos porque mientras son masacrados por las bombas, saben que sus cachos de carne serán utilizados como prueba en el tribunal occidental que se inventen los buenos, para castigar los crímenes del conflicto bélico.

La soldadesca yanki tiene debilidad por ametrallar afganos cuando éstos van a contraer matrimonio. Saben que siempre saldrá un general bien afeitado y saludable que cubrirá legalmente los excesos de los chicos, que ofuscados por las salvas de celebración nupcial, no tuvieron más remedio que disparar, para salvar vidas, pongamos que en Chicago.

¿De qué gente se nutren los ejércitos? , ¿en cuál de ellos alistamos al cafre que mató a puñetazos a un hombre por haberle arañado el coche?

martes, 12 de agosto de 2008

TABERNA LOS ASES DEL ARTE

Para Rafael Vázquez.

Las paredes son un paseo por la edad porque cada una de las fotografías testimonia las inquietudes y aficiones por las que ha pasado su propietario.

Son también un recorrido caótico y sin prejuicios por el mundo del arte. No en vano el titular de esta taberna a la par extravagante y sobria, ha decidido llamarla así; “Ases del Arte”.

Ubicada en pleno barrio alto de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, en la calle san Agustín, visitar este garito es como meterse en el camerino (no es mucho mayor que un camerino desahogado) de alguna antigua estrella de la copla o del teatro.

En sus paredes conviven en paz Picasso y Dalí, Silverio Franconetti y Jagger, la saga de los Agujetas y Dylan, todos ellos en un entorno castizo andaluz suavizado por minúsculas láminas del Bosco, fotogramas de viejas películas de Harold Lloid o fotografías tamaño carnet de Goethe y Juan Ramón.

Los viernes al mediodía o los sábados, días de gloria para el proletariado y para el lumpen del proletariado que componen esa casta de parados y rentistas sexagenarios de la pensión de una madre que no muere para no dejar al hijo fracasado en la indigencia en un último y poético acto de amor maternal, muchos se transforman en cantaores con la garganta rota, en guitarristas de bronco compás, en tertulianos que defenderán hasta la exaltación a algún torero o al cante grande frente a la mixtificación contemporánea.

Rafael Vázquez, gerente y titular del garito, se erige entre el tumulto y se confiesa sin modificar el gesto delante de sus parroquianos, poeta, pintor artístico y guionista cinematográfico, y observa tras la barra con el mentón levemente alzado por encima de la trifulca de vasos de vino y aceitunas amargas como un quejio, la ebriedad de sus coetáneos mientras grotescos ajais pendencieros estremecen las tardes de levante la zozobra de los transeúntes y la ciudad vive de espaldas a su historia entre tortitas de camarones, jerseys con cocodrilos y medias raciones de chocos.

JUAN ANTONIO GALLARDO.-. AGOSTO DE 2008

NOTA DEL AUTOR:

No lo lean aquí: En la taberna de Rafael Vázquez, perdido entre el marasmo de dibujos y fotos está este articulillo colgado, tiritando entre tanto cante grande y tanto arte.Sin otras amputaciones que las propias de la soledad y la mala vida, a veces nos parece haber penetrado en una barraca de feria de aquellas en las que vivían los maravillosos engendros de Tod Browning,

sábado, 2 de agosto de 2008

BILINGÜISMO Y MANIFIESTOS

Había que hablar fino. Primero para que se nos entendiera y segundo para evitar la burla. Nuestro acento había sido tristemente usurpado por chistosos y chirigoteros que todo lo celebraban como sarasas folclóricas, y nosotros, que éramos letraheridos cargados de pudor existencial y empachados de la poesía de los suicidas, necesitábamos apartarnos de aquella chusma populista y rumbera.

Por eso no nos mirábamos nunca como farsantes cuando, durante nuestro farandulear diario por los madriles, impostábamos las eses con avaricia de neófitos del castellano más puro, aún sabiendo que aquella era una primera renuncia a la identidad y que en el territorio de las renuncias y las traiciones, todo es empezar.

Quizá por eso, cuando arribábamos a la casa de pensión, recuperábamos el deje de nuestra tierra y ceceábamos con rotundidad, como el hermano chico de Mafalda.

También cuando nos achispábamos en los bares y las lecturas poéticas a las que acudíamos para poner faltas y para ver si estrechábamos la mano de algún pope disfrazado de Verlaine castizo, recuperábamos el andaluz en nuestra plática, salpicado de giros lingüísticos de Madrid o Madriz, resultando de nuestra pronunciación, una cadencia híbrida, entre psicoanalista argentino y Chiquito de la Calzada.

Con los años fuimos perdiendo timidez y ganando orgullo, y ya nunca más recitamos poesías como Luís del Olmo, reivindicamos la calidad de nuestro tono y volvimos al andaluz sin sonsonetes.

Dejamos de ser bilingües, como los nacionalistas catalanes. Por eso a uno le cuesta firmar algunos manifiestos. No vaya a ser que no se nos entienda.

sábado, 26 de julio de 2008

INGENIERIA SOCIAL

Un día, a la clase obrera la bautizaron, vamos que le pusieron un mote, y dijeron que algunos de ellos, eran de clase media.
Los elegidos por el sublime inventor de eufemismos se pusieron el traje de clase media y se colocaron jerséis con dibujitos de reptiles en el pecho que costaban más o menos el jornal de un día.
A partir de ahí el obrero que no había sido abducido por la poesía lírica se encontró con un enemigo nuevo que ni siquiera imaginaba. Como se puso un poco triste porque consideraba al maestro, al empleado de banca y al oficial de primera de albañilería un compañero en la lucha, le buscaron al obrero un paria a su medida: el parado, que la mayoría de las veces lo era por indolente, caradura y mamón.
Así las subclases se fueron reproduciendo en una grotesca orgía del hombre acechando al hombre, que diría Miguel Hernández, y todavía buscaron a pobres más pobres que el parado: nos trajeron la infinita tristeza del inmigrante que cuando no venía desde el puto cuerno de África exclusivamente para delinquir como un bellaco, lo hacía para trabajar por cuatro duros y para quitarle el empleo al sufrido obrero indígena.
Toda esta operación de sádico maquillaje de la realidad social se fue convirtiendo por mor de la magia manipuladora en la mismísima realidad.
Con toda esta basura era cuestión de tiempo que los jerarcas de Europa se juntaran para aprobar jornadas de 65 horas semanales, campos de concentración para rumanos, moros y negros y cualquier otra porquería que se les ocurra a ustedes.
La historia ha muerto, decía un japonés, para finiquitar aquella máxima de que la lucha de clases es la partera de la historia. Pues les está saliendo de puta madre.

domingo, 20 de julio de 2008

COMPROMISO POLÍTICO


Había un matón que cuando me veía, me gritaba siempre cosas espantosas, me daba un cate sin ningún motivo y buscaba en mi persona cualquier tontería para burlarse.
En fin, que uno lo único que podía hacer era plantarle cara, darle un par de buenos golpes estilo Bruce Lee y una vez concluida la batalla y medio tieso el combatiente, señalarle con el dedo - en plan oriental también- y advertirle de que Gallardoski niño, no se andaba con chiquitas.
Le planté cara, pero ni las katas de la muerte ni el dedito deícida, que diría Vallejo pudieron ser. El matón después de tirarme al suelo con manifiesta facilidad, me dio un par de puñetazos y cuando pude levantarme y salir cagando leches, rubricó su victoria con una humillante patada en el culo de la que mi orgullo aún se resiente.
Lo cierto es que pasaron los años y la justicia poética vino en mi auxilio; el matón se quedó chiquitillo y enclenque, fumaba mucho y seguro que se mataba a pajas ilustradas por sádicos pensamientos, mientras que, por el contrario, yo crecía y me ponía más fuerte y más chulo y me la tocaba lo justo.
Así que un día pensé en vengarme, escenificar al fin mi furia oriental frente al otrora temible matón que era ya, decididamente, canijo y penoso. Al fin, cuando lo tuve delante y él me miraba con esa resignación de víctima, sabiendo que se merecía un par de hostias, alargué mi mano pero no para endiñarle, sino para estrechar la suya.

Se le saltaron dos lágrimas y yo me fui más contento que unas pascuas sabiendo que con esa batalla había ganado la guerra. Me parece que ese fue el primer compromiso político de mi vida.

jueves, 10 de julio de 2008

CELEBRACIONES


Uno sabe que el gilipollas que hace sonar el claxon de madrugada es un ser humano, no lo parece, pero lo es. Y sabe uno que tendrá sus cosas buenas, por ahí; ocultas en alguna parte de su corazoncito. Uno acepta la existencia del espécimen porque cree que hay esperanza para el hombre y para la mujer. La gente puede un buen día, leer un libro hermoso de poemas, o un ensayo de Montaigne o ver una película que les cambie la vida y que les cure de las enfermedades comunes de la estupidez, la grosería y la mala educación. Por eso sabía uno que esa efervescencia patriotera, al final, terminaría con algún desastre. La turba no sabe administrar la felicidad, enseguida convierte ésta en una obscena representación del salvajismo. En nuestra ciudad nos hemos conformado con destrozar la fuente de la plaza del cabildo, una gracia más del grotesco catetismo endémico con el que tenemos que lidiar cada fin de semana. Uno empezó defendiendo a los muchachos que jugaban al fútbol con la selección española, pero a medida que los excesos frikis de los comentaristas iban jaleando a una nación hambrienta, por el momento de circo, pero con la amenaza del hambre de pan sobre sus cabezas, sentía uno algo de fatiguita entre tanto mensaje de triunfo, entre tanta locura colectiva que empezaba a ser amenazante. Una semana más de gloria futbolera y hubiésemos tenido que vestir todos de uniforme, cantar todos oé oé oé y ser todos expertos en estrategias balompédicas, y el que se hubiera resistido a semejante esperpento, habría sido tachado de mil y una infamias, perseguido por apátrida y convertido en enemigo. Menos mal que hemos ganado, que ya hemos socializado el triunfo y nos sentimos todos héroes y campeones. ¿Y la fuente? Ah, ya la arreglarán poquito a poco.


video

domingo, 29 de junio de 2008

DON QUIJOTE

Esta mañana he recordado perfectamente lo que acababa de soñar. Claro, sería uno de esos estadios del letargo que se llaman Rem, que son siglas guiris para definir un “Rapid Eye Movement” ( movimiento rápido del ojo) y que le hacen a uno pensar que todo ser humano, en su intimidad, incluso en su intimidad más inconsciente, podría protagonizar una película de terror.

Bueno pues lo que acababa de soñar era, ya lo suelto, que Raúl Alfonsín, primer mandatario digamos democrático de la República Argentina, me mandaba un telegrama donde se podía leer:

“Las Malvinas. Stop. Provocan emociones. Stop”.

Esta tontería formidable, que si le pasa a mi ordenador le inoculo de inmediato un antivirus, le ha pasado a esa metáfora de la informática que es mi cerebro. Es verdad que son muchas las mañanas que despierto con una frase así de estúpida. Deformación intelectual a la que me abocan las lecturas compulsivas de esos alemanes tan sabios que pululan por la filosofía contemporánea o de esos alquimistas de la palabra que lejos de todo folclore hablan exclusivamente de las ignotas potencias del alma.

Así no hay forma de levantarse por la mañana como una persona normal. Se mira uno al espejo y le viene otra ráfaga:

“Buceé en tu líquido amniótico”.

Será esta profusión de frases, de casi epitafios, fruto de las lecturas nocturnas. Lecturas que luego, como una cena opulenta, se indigestan en nuestro cerebro y se ponen a bailar un rigodón desesperado y en lugar de vomitar, como cuando uno cena demasiado, lo que se hace es proferir al vacío gilipolleces.

Si el delicado equilibrio que nombra la cordura se fuese pervirtiendo bajo la influencia de los libros, si no tuviésemos trabajo, mujer, hijos, hipotecas que pagar y dedicáramos el día al análisis de esta actividad mental irracional y refleja;

¿Quién nos garantiza que un buen día no cogeríamos nuestro ciclomotor o automóvil y saldríamos alegórica lanza en mano a enfrentarnos con los molinos, que serían gigantes o a buscar a esa Dulcinea que todo caballero guarda en el más lírico rincón de su corazón?

jueves, 12 de junio de 2008

A LA MIERDA!

Lo tengo todo un poco abandonado: La parte esta mía del arte y el ensayo. Nos produce cierto temor esta indolencia, como si fuésemos a perder la práctica, el oficio, la gracia.
Vemos abismarse las poquísimas certezas económicas y sociales que nos iban quedando, sufrimos las consecuencias del timo monumental con el que nuestro abúlico presidente consiguió los votos de una población que quería ser feliz, que anhelaba esa mirada positiva que con la sonrisa meliflua, nos vendían desde las tribunas sociatas.
Ahora miran hacia otro lado, silban disimulando como ya hizo en los ochenta esta misma ralea que cumplió a la perfección su destino social- demócrata de mamporreros de la derecha y de los poderes fácticos, que ya, como la Santísima Trinidad, convergen todos en uno: El dinero.
Cuando las personas a las que se les ha vendido el caramelo del bienestar, una piñata envenenada en la que como chiquillos en un cumpleaños dramático, todos participamos y compramos nuestros dúplex, nuestros automóviles y nuestras parcelitas de recreo, cuando esa “Mirada positiva” nos poetizó las cosas más cotidianas y podíamos entregarnos a las domésticas utopías; podíamos ser vagamente solidarios con los inmigrantes, ahora ya somos enemigos otra vez, podíamos hacer grandes planes para estructurar el estado, ahora somos otra vez desconfiados y centralistas porque tememos que en el pastel de la financiación nos vuelvan a timar.
Cuando los gobernantes se quitan la máscara de su inoperancia y, otra vez como niñatos malcriados, afirman que todo lo que pasa es por culpa del vecino, y por culpa de ese vecino que es el mundo en general, vemos que hay gente que se va a la calle en las fábricas, en las obras, en los talleres. La mirada positiva nos parece un asqueroso sarcasmo, un cinismo cruel de los que jamás pierden sus trabajos, de los que tienen apellidos que llevan siglos gobernando un país, de esta aristocracia de altos funcionarios, de secretarios de estado adscritos a ministerios inútiles que le solucionan la papeleta y el jornal a una banda de inútiles que, a pesar de su probada ineficacia, han conseguido ir medrando a base de perreo, inmoralidad y avaricia.
He vuelto a recuperar, por más que me pese, la repugnancia profunda que durante años sentí por los políticos profesionales y de la que me redimió ese buenismo oportunista de ZP.
He vuelto a sentirme tan estafado como cuando el otro encantador de serpientes nos la metió a todos doblada con lo de la OTAN .
Ahora ya puedo volver a decirles con todas las letras que se vayan a la mierda, sabiendo que no serán ellos los que concurran a esa bacanal nauseabunda de la porquería. Sabiendo que seremos otra vez nosotros, los pobres, los que nos veamos inmersos hasta las trancas en esa asquerosa diarrea. ¡Puaj!

martes, 3 de junio de 2008

ARTICULISTA

El articulista de pueblo termina siendo como esos dibujantes de prensa a los que se les exige para cada día una viñeta alusiva a las urgencias de la actualidad.

El dibujante de prensa no es que no sepa dibujar mejor, es que la actualidad más perentoria no da más que para garabatos y monigotes, como los de algún pintamonas moderno pero sin la exquisitez del enmarcado o del museo de psicópatas que está siempre regentado por alguna damisela pija, otrora musa de la movida madrileña.

Lo mismo ocurre con el articulista de pueblo, seguro que escribe de puta madre, pero la actualidad no da más que para extravagancias.

Pero seamos sinceros: En verdad al articulista de pueblo nadie le pide nada, se quiere decir que él escribe de la actualidad o del paso de las estaciones meteorológicas porque le sale de los huevos (si es varón) , y no porque ande nadie exigiéndole temarios, argumentos o motivaciones.

El articulista de pueblo es muchas veces poeta lírico. Tampoco le pide nadie que vomite sus versos sobre la pantalla de su ordenador, pero el poeta pota cada vez que le viene, cada vez que se mete un poemario de otro genio entre pecho y espalda o cada vez que le pasa algo más o menos raro en su vida.

El poeta pota. Con esta gilipollez más de un genio hace una exposición de poemas visuales, extremos y radicales como un piercing en el glande.

El articulista de pueblo siente que le queda el consuelo de que el tiempo es inexorable y que exceptuando a Tina Turner, que hasta cuando tenía quince años aparentaba cuarenta y cinco, el tiempo pasa para todos igual.

Por eso el articulista moderno escribe ya casi de oficio, retrata como puede lo
que se encuentra por el mundo y a final de mes, mira ansioso como un adicto, si los putos empresarios de la comunicación le han ingresado los miserables cincuenta euros que más o menos vale su arte y olé.

En otras publicaciones en las que el articulista de pueblo colabora no le pagan ni una chica, pero recibe el cariño de lo que, engolado como un pavo real de las letras, el articulista moderno llama: Su público.

El público de los artistas modernos y de pueblo suele ser un círculo de amistades y familiares con mucha buena voluntad.

El artista de pueblo sabe casi todo de esta gente y no es raro que como la Santísima Trinidad, se le presente su público mientras escribe, garabatea o toca la bandurria, pero a los artistas de pueblo les gusta mucho decirse, entre ellos: “He oído por ahí que mi último tararí tarará está gustando mucho…y mantienen una incógnita patética, como si no supieran todos hasta el número de DNI del pavo/a que dijo eso.

Si uno pudiera se quitaría ya de artistazo de pueblo, de poetastro atontao o de cantante de boleros. Se dedicaría uno a mirar los atardeceres fumando una pipa, como Chanquete, o se quedaría uno buscando guarrerías por Internet o se pondría uno a escuchar absorto la música de Bach, mientras leemos al viejo Celine. Pero no puede uno abstraerse ya, porque, como las folclóricas y los toreros, se debe uno a su público.

Y nos remitimos al sesudo análisis que sobre nuestro público se hace en este fantástico texto.

Salud.

jueves, 15 de mayo de 2008

DERECHA SENSATA


Concedamos que yo no sé nada sobre la situación en Irak. Que vivo aquí y manejo la información más o menos tendenciosa que todos manejamos y que a partir de esta información y lastrado seguramente por mis melindres morales me hago una idea de las cosas. Concedamos que no conozco a ningún iraquí que me pueda contar de primera mano si disfrutan o sufren esta democracia que les ha caído del cielo (del cielo sembrado de bombarderos). Pero , ay, a favor de mis argumentos, yo tengo la evidencia de la destrucción y la muerte a la que la invasión ha dado rango cotidiano.

Lo que me subleva de la derecha insensata es la defensa todavía de las ventajas y la alegría que ha supuesto para el pueblo iraquí la invasión. Si yo fuese un hombre de derechas sensato admitiría que la invasión ha creado más inseguridad, ha fomentado el terrorismo, ha cargado de perversas razones a quiénes defienden un inevitable choque de civilizaciones. Si yo fuera un hombre de derechas sensato, trataría de utilizar la misma estrategia sensata que utilizamos con Corea para disuadir a Irán de sus devaneos nucleares.

Pero, claro, si yo fuese un hombre de derechas y además sensato, pensaría también muchas otras cosas. Si yo fuese un hombre de derechas sensato diría:

“Yo no me casaría con una persona de mi mismo sexo, pero me parece que tienen derecho a hacerlo los que así lo deseen; porque es una libertad, la de que homosexuales y lesbianas contraigan matrimonio civil, que no merma mis libertades. A no ser que entienda que mi libertad es un privilegio y que extender ese privilegio a otras sensibilidades me hace perderlo”

¿Será eso? ¿Será la libertad un privilegio? ¿Un privilegio como lo fue poder mandar a las niñas díscolas a abortar a Londres, mientras que en el terruño se defendía castizamente en tribunas y juzgados la persecución del aborto? .

Si yo fuese un hombre de derechas sensato diría:

“Debido a mis convicciones religiosas jamás aceptaría que me aplicasen la eutanasia ni a mi ni a ninguna persona bajo mi responsabilidad afectiva, pero como entiendo que no todas las personas tienen la suerte que yo tengo de poseer una fe o este tipo de moral , me parece razonable que quién así lo decida en pleno uso de sus facultades mentales, tenga el derecho a exigirla cuando su existencia sea – para quien carezca de la noción de alma- un sarcasmo”.

Si yo fuese un hombre de derechas sensato recordaría a mis correligionarios que también nos pareció aberrante el divorcio y al final nos hemos ido divorciando alegremente porque nos adaptamos a los tiempos y a los rigores del amor y del deseo. También entendería, si fuese un hombre de derechas sensato, que mi moral no es la moral de todo el mundo y que incluso con los años mi moral no será la misma, a poco que cambien las circunstancias y las condiciones de mi propia vida.
Entendería aquello que ahora dice todo el mundo y que dijo un buen día un hombre de izquierdas sensato “Mi libertad acaba donde comienza la libertad del otro” esto no es ningún refrán popular pese a que por su brillantez y sabiduría lo parezca. Sartre lo dijo, monstruo contemporáneo de las derechas y de cierta izquierda flagelante y avergonzada de sí misma.

Lo que se quiere decir es que esa aguerrida pose de los hombres y las mujeres de la derecha a favor de la guerra en Irak y en contra del reconocimiento de derechos a homosexuales, lesbianas, inmigrantes, trabajadores por cuenta ajena, etc ...no se basa en la razón ni encuentra motivaciones en el progreso colectivo. Se basan las objeciones y las trabas en la superstición, en la noción de clase, clan o tribu dominante con que se enfrentan al resto de la especie y en el miedo conservador y milenario a perder los privilegios.

Si yo fuese un hombre sensato de derechas a lo mejor me quitaba de ser de derechas.

jueves, 8 de mayo de 2008

NUESTRA CRISIS

Nuestras vacaciones, nuestras opulencias, nuestras romerías, nuestra climatología, nuestra ganas de apurar los varios tragos que será la vida, nuestro temor y nuestro saludable hedonismo espiritual frente a ese solo trago que es la muerte, que hubiera dicho Miguel Hernández de vivir en estos tiempos de la inercia.

Nuestros benditos hijos para los que queremos un futuro bueno y una infancia de disneylandia, criados entre algodones que saldrán luego al mundo, que como en el tango es sordo y es mudo, y se darán de bruces contra el relámpago hirsuto del odio social, del darwinismo profesional y del desastre académico, a pesar de nuestros profesores particulares, de nuestras clases de natación, de nuestras salidas como adictos al centro comercial.

Nuestras marcas de pantalones, nuestra condición de hombres, mujeres y niños anuncios, cargando con los costes de una publicidad masiva, jugando este juego en este perverso círculo vicioso de tontería consumista. Nuestra firme apuesta por Peter Pan y sus complejos, nuestro miedo a crecer, a envejecer, a ir poniéndonos tristemente cabizbajos de carnes, cabizbajos de tetas, de barrigas y , si el santísimo Viagra no lo remedia, cabizbajos del otrora enhiesto falo.

Nuestras calenturas para lo que hemos ido desterrando felizmente la idea del pecado y follamos como siempre se ha follado, pero sin complejo de culpa, nuestro vouyerismo virtual, para lo que tenemos Internet y somos ya los hombres y mujeres que más falos y más culos y más guarrerías han visto en la historia de la humanidad.

Nuestras declaraciones del impuesto sobre la renta y nuestras triquiñuelas para ahorrarnos unos euros, nuestros libros de reclamaciones y nuestra exigencia de servicios sociales, de hospitales, de auto pistas y de cirujanos. Nuestra cobertura de desempleo con esos millones de euros repartiéndose como la calderilla de la plusvalía con que la clase obrera ha levantado urbanizaciones de lujo, hoteles mordiendo las orillas del mar y chalés con piscina de atribulados empresarios de la construcción que claman ayuda a las administraciones públicas, aterrados frente a la posibilidad de perder un céntimo de su estatus, de no poder renovar el coche estupendo y prepotente el próximo año.

Nuestras elecciones generales en las que volvemos, otra vez, a confiar en quienes cada cuatro años más o menos, nos tratan como a una informe masa de gilipollas profundos. Nuestros ministros de economía, mirándonos con la ceja levantada, como diciendo; ¡pero bueno! ¡Es que os lo habíais creído, banda de paletos! .

Nuestras comunidades autónomas ricas diciendo que las pobres, las comunidades pobres, lo son por indolencia y lasitud genética, y buscándose las habichuelas de la financiación desde el desprecio y la insolidaridad. Nuestras cuencas y nuestros ríos agonizantes por culpita de la pertinaz sequía y su maldición franquista, que nos abisma a trasvases eufemísticos y a chantajes políticos llenos de maldad porque niegan el pan y el agua a los demás.

Nuestros inmigrantes ilegales, vomitando agua salada en las costas y tiritando helados como sus sueños, helados y sospechosos. Nuestra crisis.

Vemos tambalearse algunos de los cimientos con los que nos hemos ido conformando en una amplísima clase media, habíamos desterrado la idea del obrero y sólo la considerábamos si el obrero era negro, moro, o sudamericano.

Nuestra crisis nos pone ahora, como siempre, a los mismos, en dificultades. Y los otros, que siguen siendo también los mismos, nos pedirán moderación salarial, que es como decirnos que nos callemos si tenemos hambre o necesidad. Nos pedirán paz social, nos pedirán, en fin, que paguemos los costes de la señora crisis, conocida en los ambientes sonrientes del partido en el poder como “desaceleración” , que como sabemos todos es una forma muy cachonda de llamar a las cosas por el nombre que nos salga de los mismísimos cojones.

lunes, 5 de mayo de 2008

LA COMUNIÓN Y EL ANTICRISTO

A las niñas se les viste de novias, como si se casaran con Jesucristo, y a los niños se les viste de hombres, de militares, de almirantes o de ejecutivos mocosos con corbata.
Al final las niñas entienden que lo mejor que les puede pasar en la vida, es casarse con alguno de esos estereotipos de macho triunfador; almirante, militar o ejecutivo, y los niños si tuvieron algún devaneo homosexual, asumen que ya mismo habrá que empezar a ocultárselo a sus padres, que no los conciben más que como aguerridos militares, almirantes, etcétera…Jesucristo queda al margen de toda la escenificación primaveral, probablemente relegado a ser en el futuro una dulce compañía para los que creen, un negocio para los que viven de los que creen y un mítico hippi simpático para los más indulgentes de los agnósticos.

Amanecen estos días de fiesta con las calles habitadas por un enjambre de papás babeantes vestidos con sus mejores galas y de apetitosas mamás enseñando los últimos frutos de carne que los años han salvado del naufragio de la juventud. Los curas desde sus púlpitos hablan de la alegría que tienen que sentir los niños por entrar en un mundo de tinieblas, de ultratumba. Una alegría muy rara, porque basan los curas la mitad de su discurso o más, en la muerte, en los valles de lágrimas, en el gozo de ser humillados por un dios que pone a la humanidad en unos bretes, en unos aprietos existenciales que es que dan ganas de decirle; “deja ya las bromitas místicas Jehová, y ponte a currar por el bien de tus advenedizas criaturas”.

Cuando la excusa concluye, cuando termina la ceremonia eclesiástica esa, la peña se mete en una nave o en un restaurante de relativo postín, para celebrar algo; la edad del niño o de la niña, la comunión con nuestro señor Jesucristo, o el éxito económico de los progénitos en sus negocios que les permite decirles a los convecinos, amigos, aliados y familiares; mirad, pringadillos, observad cómo estoy criando a estos niños y los caprichos que toda la unidad familiar puede permitirse.

En la celebración, se obsequia a la peña con un opulento banquete, mientras el niño o la niña va deambulando vestidito de blanco como en una copla de Valderrama, por las mesas de los comensales, vendiéndoles – como las rumanas pero sin churretes y sin miseria- tonterías más o menos sacras. Ramitas de olivo, fotos con el infante en posición de éxtasis tipo Santa Teresa, viviendo sin vivir en ellos en plan actores de sí mismos, interpretando su papel profesionalmente.

En cuanto los comensales se han puesto hasta el culo de langostinos y de caña de lomo y ya van quitándose los nudos de la corbata, relajándose y liberando el tórax de manera que las barrigas ocultas por una vergüenza estética comienzan a manifestarse casi como una representación del mismísimo anticristo que viniera a nacer del estómago hinchado de un hombre colmado de viandas, vino tinto y cerveza, una especie de rumor espiritual recorre las mesas…pronto vendrá la tarta, la maldita tarta que nadie apetece, pero que nadie desdeña, y bien saben los expertos en estas frivolidades contemporáneas que tras la tarta vendrá el momento álgido de la jornada: los niños y las niñas irán a hacer el mono hasta fracturarse algún hueso, a un globo hinchable y los mayores acudirán a la barra a pedir combinados de güisqui con coca cola, o si ya son horteras expertos; JB con Seven Up, que es el Elixir mágico que pone a los catetos y catetas más recalcitrantes, cachondos perdidos y los lanza, como por arte de magia, a hacer el mono a la pista igual que los niños en el globo, con riesgo también de descoyuntarse algún hueso.

A estas alturas del jolgorio el anticristo ya se ha reencarnado vilmente en cada uno de los invitados. Todo el rigor, toda la contención que en la iglesia y con las canciones esas tan blandengues de acción de gracias que se fueron cantando, ha sido enviada directamente a hacer puñetas. Ahora, si llegase el cura, un cura en condiciones, no estos modernillos relativistas morales, sacaría su cruz y gritaría: ¡Vade retro, Satanás! Ante el espectáculo de los niños tirándose como bestias del globo (y tocándose levemente) como almas del averno y los padres sumidos en una orgía de alcohol, danzas medio africanas e insinuaciones de carnes, senos, y bultos cuarentones.

¡No sé dónde vamos a llegar!

lunes, 28 de abril de 2008

DÍA DEL LIBRO

Al principio era como si invitásemos a nuestra casa - más bien a nuestro cuarto, puesto que era ese el territorio en el que desarrollábamos la vida- a un ejército compuesto casi exclusivamente por venerable héroes. Como leíamos sin matices y nuestro gusto no andaba pervertido por las pendencias estéticas o éticas del aprendizaje, Julio Cesar era solo Julio Cesar, un hombre valiosísimo que acabaría sus días con una frase llena de tristeza, estupor y desamparo ante el traidor: “Bruto, ¿tú también, hijo mío? “ .

De esos hombres y mujeres se llenaba nuestro cuarto cada tarde; de capitanes de quince años que luchaban contra negreros impíos a bordo del mítico bergantín , de arqueros bandoleros de los bosques que lanzaban justicieras flechas sobre la maldad intrínseca de la aristocracia, de Mosqueteros que brindaban eufóricos por su amistad y por su fe en las nobles causas, y en cada una de esas gestas de nuestros personajes literarios, se iba fraguando en nuestros adentros, como mínimo un canon de moralidad y justicia.

De vez en cuando, llegaba hasta ese cuarto nuestro, algún poeta, acaso porque andábamos con fiebre amorosa y mirábamos durante horas por la ventana a una hurí de doce años que representaba toda la belleza del mundo, por eso no entendíamos cuando Bécker afirmaba que la rosa iba ser marchitada por el viento helado, porque aquella belleza pura estaba fuera de las terrenales decadencias, poesía eres tú; nos atrevíamos a decirle telepáticamente a la amada que ni siquiera poseía componentes eróticos. El erotismo lo dejábamos para otras; para la que ya apuntaba maneras sexuales en cada uno de sus gestos, para la que había desarrollado el busto de manera espectacular, pero la amada era una princesa limpia y pura, como la virgen María, pero sin preñez y sin dolorosos misticismos.

Los poetas nos hablaban, es cierto, más bajito que los héroes, nos arrullaban con sus cadencias y sus sermones, pero igual nos erizaban el vello cuando contaban la historia de Alvargonzález, o le preguntaban a un burro nuestras primeras retóricas: Platero, ¿tú nos ves?...

Los libros siguieron marcando nuestros días. Así, sin apenas darnos cuenta, fueron llenándose de dudas aquellas inamovibles certezas, fueron apareciendo personajes cuyas premisas vitales ya no tenían tanto que ver con la justicia, con la libertad y con el honor. Personajes que se parecían a nosotros, que compartían, como los héroes de antaño, nuestras inquietudes, nuestros miedos, nuestra perplejidad ante el mundo y ante la vida.

Venían como de un infierno terrenal, venían con abrigos deshilachados y con historias fracasadas, venían con filosofías existencialistas que apenas llegábamos a amagar, venían como Raskolnikov, el estudiante pobre de Crimen y Castigo, al que apoyábamos en la aberrante idea de la superioridad intelectual y personal, frente a la vieja usurera, por más remordimientos que ese crimen pudiera depararnos. Personajes como el joven de “Hambre” la primera novela de Knut Hamsun, que paseaba su desgracia por los parques públicos escandinavos. En todos veíamos a nuestros hermanos y en todas sus amantes nuestras amantes.

La princesa impoluta del bloque de enfrente ya nos había roto el corazón besándose con el campeón atlético del colegio. La destronamos y guillotinamos su recuerdo como Robespieres del desamor adolescente. Lo bueno fue que a partir de esa caída de los altares de nuestra diosa, pudimos por fin rendir a Onán el tributo de su cuerpo.

Nuestras amantes se llamaban “Lucía” “La Maga” “Mona” “Mara”, “Elvira”, “Leonor” …así como hacíamos nuestras sus tribulaciones, nos enamorábamos de aquellas mujeres tan raras, tan complicadas, tan poéticas, tan independientes, tan locas y tan hermosas.

A esta edad, los quince o dieciséis, los poetas llegaron a nuestro cuarto como ocupas del particular parnaso que andábamos fabricando. Un firmamento en el que a ratos Juan Ramón brillaba como nadie, para ser luego eclipsado por la estrella chiquitita, chiquitita pero firme, de Miguel Hernández o de Blas de Otero.

Lorca venía siempre vestido de arlequín y tocando la música más alegre a pesar de su tragedia, Alberti era un humorista cañero tocado por la gracia. Cernuda nos ponía tan pensativos que nuestras madres nos miraban raro, temerosas de nuestros suspiros.

Un día llegaron Celine, Bukowski, Cela, Pavese, Pessoa, Proust, Vallejo y Onetti. Y ya con esta gente en el cuarto, tuvimos que emprender la marcha y buscarnos la vida, fuera de casa; perdida la inocencia. De manera que: ¡mucho cuidado con los libros!.