lunes, 8 de septiembre de 2008

FIESTAS PATRONALES

Es verdad eso que se dice: Casi nadie está contento con su físico, pero si haces la pregunta, es raro encontrar a alguien que con el mismo desparpajo carente de complejos con que confiesa sus michelines, granos o verrugas, hable de sus carencias intelectuales.

La mayoría, todo lo contrario, parece estar muy feliz con las luces que le tocó en gracia a la hora de repartir el equipaje genético. Es esa especie de chovinismo íntimo y personal con el que, sobre todo los hombres, nos vamos manejando por la vida.

A los pueblos les pasa igual, casi nadie está demasiado contento con las calles, tantas veces levantadas, con los atascos, tantas veces repetidos, con la inseguridad, tantas veces esgrimida como argumento para animar a la represión, es decir: casi nadie está muy satisfecho con la fisonomía que ha terminado teniendo su ciudad sumida en la megalomanía de sus jerifaltes o la profusión de maletines misteriosos cargaditos de comisiones, pero en cuanto les sacas a relucir sus ferias, fiestas patronales, semana santa o romería mariana, es absolutamente previsible la respuesta del paisano, ya sea éste Agamenón, su porquero, intelectual de taberna, concejal de despropósitos o alguacil en prácticas: “La feria de (póngase el pueblo, ciudad o pedanía que cada lector considere conveniente) es la mejor, o mejor: La Mejón der mundo”.

Puede ser que esa llamada “Feria” sea una porquería a nivel de infraestructuras, una mierdecilla sin condiciones de seguridad ni de salubridad para los ciudadanos, pero da igual. Si el recinto ferial no es muy grande, no se dirá nunca que es una birria de recinto, sino que el alcalde de turno o el pavo que ande de delegado de fiestas proclamará: Nuestra feria es recoleta, recogidita y familiar ergo “e la mejón der mundo”.

Si, por el contrario, la feria es tan grande que se deshumaniza y revierte directamente en el descanso de los vecinos menos jaraneros, el mismo delegado de fiestas con otro traje y el mismo alcalde, con otro morro, afirmarán ufanos de sí mismos: Nuestra Feria cada vez crece más para que todos los ( póngase aquí el gentilicio que cada lector considere, nuevamente, oportuno) tengan ocasión de disfrutarla, ergo el macro botellón intergeneracional que es esa feria, vuelve a ser indefectiblemente en boca del alcalde, aláteres y ciudadanos: “La mejón der mundo” .

Si las ferias, verbenas o virguerías sacramentales, se dan en circunstancias de modestia económica por parte de los consistorios, tanto que no hay euros ni para portadas, ni para grandes actuaciones místico folclóricas, ni para la asistencia de famosillos por el real, jamás se admitirá que nuestras fiestas no interesan a prácticamente nadie más que a churreros, titiriteros, equipos de gobierno y los cuatro esforzados parroquianos; se nos dirá: Nuestra feria es económicamente débil (como en la película casposa aquella) pero goza del talante de nuestra gente, de la simpatía de nuestros ciudadanos y de la hospitalidad de nuestros garitos, ergo también será “La mejón der mundo” sin ninguna duda.

Lo más seguro es que todos tengan razón, que como decíamos al principio, nadie tenga dudas sobre la excelencia de sus fiestas porque forman parte, las fiestas, de una identidad tribal que como todo lo gregario nos aporta seguridad.

A los marcianos, cuando vengan y se queden flipados con el Busch, el Jomeini ese del uranio, el Bin Laden (otro marciano) o el mismísimo Zapatero (¿mi presidente?: Er mejón der mundo), le diremos:

¡Señores marcianos, pese a la manifiesta fealdad de algunos de nuestro próceres, sepan ustedes, hombrecillos verdes de ocho ojos, que el planeta tierra es “er mejón der mundo”. ¡Dónde va a parar!...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

gallardoski, saleroso, te vamos a hacer concejal de fiestas.

admirador dijo...

admirable¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡